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Las organizaciones prefieren que sus peloteros presenten números de poder, aunque eso resulte en más ponchetes

En su búsqueda por capturar y mantener una nueva generación de fanáticos, el béisbol se está inclinando cada vez más hacia los despliegues de poder.

Con el madero al hombro, es clara la tendencia a buscar verja con 3,559 bambinazos en esta temporada hasta el pasado miércoles, con lo que se espera que el béisbol de las Grandes Ligas supere, por primera vez en su historia, los 6,000 cuadrangulares en una sola campaña.

Pero, con ese aumento también se ha visto un marcado incremento en el número de ponches, que ha aumentado de manera consistente en las últimas 11 temporadas. De 31,655 ponches que se produjeron en la temporada del 2006, subió a 38,982 abanicados en la campaña del 2016 , y este año han visto pasar o le han tirado al tercer strike 23,389 bateadores.

Para Edwin Rodríguez, quien dirige al Storm de Lake ElSinore, equipo de Clase A avanzada de los Padres de San Diego, la explicación en el constante aumento en los ponches es parte de la nueva filosofía de los dueños de equipos en las Mayores, quienes han cambiado su prioridad de una de contacto a una de productividad.

“Es una tendencia. Las mismas organizaciones están fomentando esa filosofía desde las ligas menores”, señaló Rodríguez, quien en el 2010 se convirtió en el primer puertorriqueño en ser nombrado dirigente de un equipo de Grandes Ligas. “Se han dado cuentas de que hay que hacer unos ajustes a los swings de los muchachos. En específico a lo que llaman la trayectoria del bate hacia la bola, el ‘swing path’. Está comprobado que son más efectivos, en cuestión de productividad, haciendo el swing un poquito hacia arriba, lo que llaman upper cut”.

Señaló, asimismo, que este tipo de swings hacen más vulnerables a los bateadores contra los lanzamientos rompientes.

“Eso (el bateador que hace el swing hacia arriba) tiende a poncharse mucho. Las organizaciones, desde las ligas menores, están desarrollando eso. Muchas organizaciones no le dan prioridad al contacto, sino a la producción”, destacó Rodríguez.

En una entrevista que le realizó ESPN a Joe Maddon, dirigente de los Cachorros de Chicago, éste reconoció la nueva filosofía.

“Hace unos años por poncharte te sacaban ‘tarjeta roja’”, citaron a Maddon. “Hoy día eso ya no importa tanto”.

Y Rob Manfred, comisionado de las Grandes Ligas, también lo reconoció.

En entrevista con Prensa Asociada, Manfred indicó que se ha establecido “una dramática tolerancia al ponche por parte de los bateadores. Existe un énfasis mucho más acentuado de que el jonrón es la principal herramienta ofensiva en el juego. Y hay un incremento dramático en el uso de relevistas”.

Hace 10 años, 86 bateadores acumularon tres dígitos en la columna de ponches -14 más que en la temporada del 2006. En la pasada campaña, 135 bateadores se poncharon al menos 100 veces con Chris Davis, inicialista de los Orioles de Baltimore, encabezando el listado con 219.

Pero Davis sacó 38 pelotas de los parques y remolcó 84 carreras, al tiempo que bateaba para .221.

Este año, quedando poco más de un tercio de la temporada por jugarse, ya hay 14 bateadores que han recibido un tercer strike al menos un centenar de ocasiones. Esta lista la encabeza Kris Davis, jardinero izquierdo de los Atléticos de Oakland, con 126. Davis, sin embargo, ha conectado 27 cuadrangulares y remolcado 67 carreras, aún cuando batea para .246.

Nueva camada

Aaron Judge, el novato toletero de los Yankees de Nueva York que cuenta con 30 vuelacercas, 68 impulsadas y batea para .312, se ha ponchado 120 ocasiones en 330 turnos.

En ruta a los 100 ponches va el sensacional novato Cody Bellinger, de los Dodgers de Los Ángeles, quien batea para .270 con 27 jonrones y 63 impulsadas en 76 juegos y 278 turnos. Lleva 90 ponches hasta la fecha.

“Como se están desarrollando desde la ligas menores, ellos no quieren poncharse, pero quieren productividad”, comentó Rodríguez, quien agregó que el orgullo de los peloteros de no poncharse “eso se va eliminando. Quieren productividad. Dar un hit en un juego en cuatro turnos que tuviste son tres outs. No importa si fue ponche o fue roleta, tres outs son tres outs y así es que las organizaciones lo ven”.

“Ya ese pelotero que le da para abajo y echa a correr ya no se ve mucho”, agregó. “Ahora tu ves peloteros que son primer bate y segundo bate con 100 ponches o más, pero esas son las mismas organizaciones que han desarrollado esa filosofía”.

Incluso, Rodríguez abundó que con los cambios en el sistema defensivo que se han realizado en el béisbol profesional –los llamados ‘shift’– es más difícil que el bateador pueda pasar una roleta del ‘infield’.

“Ese es otro elemento que toman (las organizaciones) en consideración en las estrategias defensivas, el shift, donde a veces tienes hasta cinco defensores en un mismo lado del parque y una roleta es bien difícil que pase de hit por esa defensa”, explicó.

“Por más bien que le das a la bola, es muy difícil pasar una defensa de cinco defensores en un mismo lado. La única forma es bateándola por encima de ellos. Antes se decía que eso era para bateadores de poder; ahora cualquier bateador es de poder por la fortaleza que han desarrollado. Y la está saliendo más todavía”, continuó.

Métricas de valor

Finalmente, Rodríguez destacó que los gerentes generales, dirigentes y agentes de jugador está utilizando más el ‘sabermetrics’.

“Es lo que mide la producción del pelotero, y en esa fórmula que ellos generan han llegado a esa conclusión: que un out es un out no importa si es roleta o ponche, y una producción de un jonrón es más efectiva que un sencillo o un doble”, dijo. “Los gerentes generales han comprado esa idea”.

Para los agentes, comentó Rodríguez, está fórmula le permite vender mejor a sus jugadores en los momentos de negociación.

“Como agente de peloteros es mas fácil vender a un pelotero que pegó 20 jonrones y se ponchó 100 veces, a que se ponche 80 y tenga solo cinco jonrones. De crearle mercadeo, de crearle valor al pelotero es más atractivo”, dijo.

“Un (José) Altuve, 10 años atrás ni pensarlo que él estuviera ‘swingueando’ como está ‘swingueando’ ahora mismo. Lo tuvieran bateando roletitas por ahí”.