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Iván Rodríguez: “Quería ser el mejor en mi posición”

Solo unos días separan al boricua Iván Rodríguez de la inmortalidad. A partir de este domingo, su nombre estará entre las leyendas del béisbol de las Grandes Ligas.

Rodríguez, considerado por muchos como el mejor receptor de la historia del béisbol, se convertirá este domingo en el cuarto puertorriqueño en ser exaltado al Salón de la Fama de Cooperstown, uniéndose a Roberto Clemente, Orlando ‘Peruchín’ Cepeda y Roberto Alomar.

Rodríguez logró la exaltación en apenas su primera aparición en la boleta. El pasado 18 de enero, se anunció que obtuvo el 76% de los votos, un punto por encima del 75% requerido.

En un reciente viaje a Puerto Rico, Rodríguez se sentó a conversar con El Nuevo Día para repasar pasajes de su gloriosa carrera.

Vamos a remontarnos al 1991, cuando te subieron por primera vez a las Grandes Ligas. ¿Qué pensaste en ese momento, a los 19 años de edad?

—Yo tenía ese deseo desde muy temprano. Cuando firmé a los 16 años, siempre tuve esa meta de ser jugador de Grandes Ligas. Es más, no fue desde los 16, sino desde antes. Desde que mis padres me pusieron mi primer guante, bola y bate en las manos, siempre tenía ese deseo de jugar este juego bien, tenía esa disciplina. Eso siempre viene desde la casa. Tuve unos padres que me enseñaron eso desde bien temprana edad: a respetar, tener una buena disciplina y hacer las cosas bien.  Tuve eso durante toda mi carrera, hasta el día de hoy. Cuando me subieron, todos sabemos que era por 15 días, pero yo, en mi mente, decía ‘no’. Ya ellos me dieron la oportunidad, y me dije ‘ya no regreso a las menores’ y eso fue lo que Iván Rodríguez hizo. Hice el trabajo que tenía que hacer, seguí jugando en Grandes Ligas, y lo demás es historia.

Siempre fuiste un pelotero disciplinado, incluso a los 19 años, y también alguien que se fijaba metas. En ese momento, ¿pensabas que en algún momento llegarías al Salón de la Fama?

—No, no. Tenía en mente que quería ser el mejor en mi posición.  Pero no lo expresaba. No lo decía a nadie, lo mantenía dentro de mí. Esa era mi meta. Eso me ayudó mucho.  Luego, en mi carrera, Johnny Oates, mi mánager, que en paz descanse, me dijo una vez que yo sería un ‘hall of famer’ por la manera que estaba jugando el juego. Ahí fue que empecé a oír eso de alguna persona o un mánager. Ya, al final de mi carrera, cuando iba a actividades de firmar autógrafos, (el exreceptor) Johnny Bench me decía ‘tú algún día vas a estar ahí en el Salón de la Fama al lado mío’.

Sentaste un precedente y cambiaste el estilo de jugar   para   un pelotero de tu posición. Johnny Bench era ágil, pero perteneció a la cuna de receptores ‘robóticos’. Pero fuiste tú quien cambió la dimensión del juego.

—Yo era más agresivo. Esa fue la única diferencia. Ofensivos y en las cosas que hacíamos en la defensiva, éramos más o menos igual. Johnny tenía buen brazo, yo también lo tenía. Johnny recibía la bola muy bien. Yo tenía buena manera de recibirla también. Estudiábamos mucho el juego, teníamos mucho en común. Pero como dije, creo que fui un poquito más agresivo, tirando más a las bases que Johnny.

Lograste muchas cosas en las Grandes Ligas: 14 Juegos de Estrellas, 12 Guantes de Oro, siete Bates de Plata, una Serie Mundial, un Más Valioso… ¿Qué te faltó por hacer en Grandes Ligas?

—(Ríe) 156 hits para los 3,000. Estaba cerquita, muy cerquita.

¿Qué evitó que pudieras finalmente lograr dicha gesta?

—En un momento dado, la cantidad de juegos que jugaba en el año no eran muchos. Jugaba una o dos veces en la semana. Eso me dio muy duro. Fui un jugador que por más de 17 0 18 años jugaba sobre 120 juegos. Venir en las últimas dos temporadas a jugar una o dos veces a la semana a mí se me hizo muy duro, porque mi rutina cambió completamente. Yo llegaba preparado para jugar nueve entradas. Yo llegaba al parque a ver si estaba en el ‘lineup’. Eso me afectó mucho, y    me fue quitando esa energía grande que tenía como jugador, esa intensidad. Llegó un momento que llegaba al parque, me iba al gimnasio o afuera a correr o hacer mis cosas. Fueron cosas que me fueron quitando el deseo por el juego.

Ese último año, 2012, cuando te fuiste a entrenar a Miami para buscar una oportunidad de regresar a las Grandes Ligas, ¿en verdad pensabas que tenías oportunidad?

—Tuve tres oportunidades, pero ese año no quise. Una de ellas fue de dos años con Kansas City, y las otras dos no me acuerdo.  No quise porque cuando uno dice que es suficiente… es suficiente. Ya quería estar más con la familia. Quería estar más en mi casa. Tengo a Iván Dereck, que está con Minnesota. Pensé que era tiempo de irlo a ver y ser su fanático.  Pero me dio muy duro al principio. Me tomó como un año. Me quité completo del béisbol como un año. Me dediqué a la familia, a los muchachos, a los nietos, y no quise estar envuelto en la pelota.

¿Qué es lo que más extrañas del béisbol?

—El estar en el clubhouse con los compañeros, en el parque de pelota, el viajar… Haciendo eso ocho meses por 21 años, eso no se va de un año a otro. Nosotros pasamos más tiempo juntos que con nuestras propias familias. No es fácil.

¿Cuán importante ha sido tu esposa (Gloria Patricia Gómez), en todo este proceso?

—Grande. Mucha gente no sabe lo que significa la esposa en un atleta. Eso es lo más importante que uno puede tener, el apoyo todos los días. Cuando uno llega a la casa con algún dolor, la única que está al lado de uno es ella, y los hijos. Ellas sí verdaderamente son unas ‘hall of famers’. No mucha gente sabe eso. La vida que tenemos nosotros no está fácil, son ocho meses de trabajo. Empezando entrenamiento en febrero y terminando en octubre. Estás seis a diez días en la casa, máximo, y después te vas a la carretera. Y las que se quedan en la casa con los hijos son ellas. Lo que hacen por todos nosotros es impresionante. Esa placa debe estar al lado de la de nosotros.

Según Baseball Reference ganaste buen dinero. En bruto, sobre $122 millones. ¿Cómo están esas inversiones?

—Muy bien. Todo bien. Pero sabes qué lo más bonito que tengo es salud. Digo que el dinero no es todo. Sino tener salud y una familia sana y saludable.

¿Cómo hubieses tomado la votación si los escritores de béisbol no te hubiesen dado los votos necesarios para llegar al Salón de la Fama este año?

—Lo hubiese tomado bien, profesionalmente.  Uno tiene que prepararse de las dos maneras, en esto cualquier cosa puede pasar. Yo pensé que, si no era este año, era el año que sigue. Le doy gracias a Dios por ser el primer puertorriqueño en ser escogido en la primera vez, ser uno de los pocos en la historia en ser primer ‘ballot’.